30 septiembre, 2020

PROTOHISTORIA

Durante el primer milenio antes de nuestra era, se produce un periodo de transición donde los grupos humanos adquieren valores complejos como la escritura. Tecnológicamente se producen grandes avances, como la metalúrgica del hierro o la utilización del torno, tras la generalización de la cerámica como material de fabricación de recipientes. Se produce la formación del horizonte ibérico.

Por simplificar un poco, las sociedades del Bronce Final evolucionaron hasta formar grupos que superaron las relaciones familiares. La unión se substentó en relaciones de dependencia donde ciertos sujetos se subordinaron a entidades aristocráticas, que alcanzaron sus posiciones elevadas relacionandose con personajes míticos. Estas élites controlaron los medios de producción de las comunidades, donde cada individuo desarrollaba trabajos especializados, y donde llegaron a formarse sociedades protoestatales de gran complejidad. El urbanismo, la religión, la escritura, la moneda o el comercio se desarrollaron desde el VI a.C. en estos grupos, que evolucionaron de la misma forma aunque a distinto ritmo como previamente se había producido en otras partes del mediterráneo. Eran sociedades helenísticas, que conectaron con fenicios y griegos en sus periplos comerciales, de los que obviamente aprendieron infinidad de cuestiones. En la actualidad se ha debatido mucho al respecto de estas relaciones entre indígenas y extranjeros, sobre si el desarrollo de unos dependío de la llegada de los otros. Las investigaciones modernas parecen inclinarse a que, al contrario, la llegada de los grupos foráneos y su intención de dominio o intervención económica modificaron el proceso de evolución natural de estas comunidades, permitiendo a los grupos aristocráticos fortalecerse. De ahí que los iberos no terminasen de desarrollar estructuras organizativas más complejas como un cuerpo burocrático que administrase las cuestiones de una área de dominio político. En cualquier caso, estos grupos se mantuvieron hasta la llegada de cartagineses y romanos en el siglo III a.C.

La protohistoria de la Comarca de Cartagena ha quedado relegada historiográficamente por el debate de la existencia o no de la mítica “Mastia Tartesion”, una ciudad vinculada tradicionalmente con la ciudad de Cartagena, de la que no hay ninguna prueba de su existencia más alla de las fuentes antiguas. La ubicación de Mastia no esta clara, sobre todo por ese apelativo que la acompaña que parece referirse a Tartessos, horizonte cultural que queda no más cerca de Sevilla y Huelva. Una posibilidad es que cuando los autores se refieren a esta Mastia Tartesion no lo hagan a una ciudad en concreto sino a una zona más amplia. Esta hipotesis se substenta en la firma de un tratado entre Cartago y Roma que limitaba el comercio de los itálicos en toda la costa sur peninsular, que podría entenderse como la costa entre “Tartessos” y “Mastia” (¿entre Huelva y Cartagena?). No esta clara, y la presencia de pocos restos ibéricos en Cartagena tampoco parece aclarar la situación.

Lo que parece claro es que el sureste fue un enclave comercial muy importante en estas fechas. Primero los fenicios, y luego los cartagineses, emplearon la costa de cartagena como indicativo geográficos y centro distribuidor de sus mercancias (El poblado de los Nietos quizás actúo de esa forma). Probablemente, en la propia ciudad de Cartagena hubiese algún enclave importante con un territorio bastante amplio bajo su control (no hay de hecho centros ibéricos importantes en sus aledaños). Hay algunos restos que corresponden al siglo VII a.C. en el Cerro de la Mota, a los pies del castillo de la Atalaya, y algunas estructuras excavadas de urgencia en la Calle Palas, pero poco más. Donde si está claro que los fenicios desarrollaron una presencia estable fue en Mazarrón, de donde se recuperaron los dos barcos fenicios (Mazarron I y II) que hoy pueden visitarse en el ARQUA, y donde parece que su bahía todavía puede dar más sorpresas.

Bibliografía Recomendada:

ANGOSTO García-Vaso, J.A. Mastia y Tartessos: Mastia un pueblo con su capital, constituido desde la Prehistoria. Tartessos un territorio constituido por la colonización posterior. “Crónica del XVI Congreso Arqueológico Nacional”. 1983

JAÚREGUI, J.J. Mastia. “Boletín Arqueológico del Sudeste Español”. Nº 13. 1945.

MAS GARCÍA, J. El mundo protohistórico. “Historia de Cartagena”. Tomo III. Ed. Mediterráneo. 1986.

SOLER CANTÓ, J. Los mastienos: un pueblo genial que forjó la civilización hispánica. “Cartagena TAM: Tropa Principes de Mastia”. 1991.

SAAVEDRA Pérez de Meca, E. Mastia y Tarteso: y los pueblos litorales del sud-este de España en la antigüedad. “Murcia: Topografía San Francisco”. 1929.

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