Las estructuras de Cartagena convierten a la ciudad en un enclave de gran valor arquitectónico y patrimonial. Cuando paseamos por las calles cartageneras, nos es inevitable alzar la cabeza y mirar los edificios que se encuentran a nuestro alrededor. Lamentablemente, muchos de ellos presentan un estado ruinoso y estropeado, fruto del deterioro de los años y el poco cuidado que han recibido. La pérdida de estos espacios se ha sufrido principalmente en su interior, donde podríamos contemplar los mejores ejemplos de la brillantez de la arquitectura cartagenera. Ahora bien, si situamos cronológicamente el momento donde se levantan estas estructuras hablaremos del Modernismo, esos años de transición entre el siglo XIX y el siglo XX donde el resurgir de la minería traerá consigo el enriquecimiento y la modernización de la sociedad cartagenera y su entorno urbano; pero también hablaremos de un periodo en el que el urbanismo estaba condicionado por su medio físico.

Topografía de Cartagena

La topografía de Cartagena a lo largo de su historia siempre ha limitado y dificultado el crecimiento urbano de la urbe, primero por la laguna del Almarjal y la costa que impedían su crecimiento hacia norte y sur, después por los escarpados montes del casco antiguo, que ponían en serios aprietos el entramado urbano, y por último por los cinturones amurallados que defendían la población y también entorpecían su expansión. Por lo tanto uno de los mayores problemas a los que habría que enfrentarse era la falta de suelo urbanizable.
La escasez de solares disponibles hacía seriamente dificultoso levantar un edificio de unas dimensiones importantes, porque no sólo debía encontrarse un espacio con una posición conveniente, si no también que fuese lo suficientemente amplio para albergar el proyecto. Esta es la explicación por la que Cartagena a diferencia de otras ciudades, cuenta con pocos edificios exentos, ya que el suelo debía aprovecharse al máximo provocando que la mayor parte de las estructuras se levantarán unas adosadas a otras. Por otro lado, Cartagena posee un patrimonio arqueológico abundante, por lo que a la hora de levantar una edificación y excavar para construir sus cimientos sería habitual encontrarse con objetos y materiales, que en muchos casos no serían ni catalogados ni conservados. Y por último, cuando se realizase el plan del Ensanche, y se rellenase el antiguo Almarjal, las construcciones allí levantadas van a contar con dos problemas que persisten hoy en día, una zona fácilmente inundable y un terreno blando que complicará la resistencia de las estructuras.

Palacio consistorial en construcción

Pongamos un ejemplo de los obstáculos que debía encontrarse un empresario que quisiera levantar un edificio a gran escala en la ciudad, utilizando el caso de Celestino Martínez y la construcción del Gran Hotel: D. Celestino, ante la falta de hoteles en la ciudad, decidió levantar uno. A la hora de seleccionar la localización, no le resultó nada fácil conseguir un solar adecuado en tamaño y posición, de hecho tuvo que negociar la adquisición de tres propiedades y realizar su demolición para disponer de un espacio conveniente. Ahora el problema venía de la posición de las calles, debiendo conseguir una alineación regular y paralela a dos aceras opuestas. Tras contratar como arquitecto a Tomás Rico, se tiene que presentar un proyecto para la correspondiente reforma de las alineaciones de las calles, y una vez aprobado se iniciaría la obra. En el proceso de construcción se encontraron con restos arqueológicos, de los que afortunadamente se realizaría una prospección y valoración, y se seguiría con los trabajos para levantar el edificio. Con todo ello, el proyecto del Gran Hotel tardó en finalizarse 9 años en los que se sucedieron pausas por la incertidumbre que generó el futuro hotel en cuanto a su viabilidad, donde participaron dos arquitectos, y donde la familia Martinez debió invertir una gran suma de dinero.

Gran Hotel

Así pues, podemos imaginar los grandes costes, tiempos y dificultades que suponía levantar un edificio en pleno centro. No obstante, cuando se realizaba se hacía de una forma brillante y con un estilo encantador, dejándonos para la posteridad un patrimonio arquitectónico y unos edificios a los que debería prestársele la atención y cuidados que se merecen.

Bibliografía|

CHACÓN Bulnes, J.M., Celestino Martinez y el Gran Hotel. Ayuntamiento de Cartagena. 2016.

GARCÍA DE REPARAZ y Barroso, F. El mirador de la arquitectura urbana de Cartagena en el entorno del año 1900. Universidad de Sevilla.1996.

MOISES García, C. BELDA Navarro, C. Arquitectura en Cartagena: eclecticismo y modernismo. Ed. Darana. 1996. 

 

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