Son muchos los personajes que a lo largo de la historia han pisado Cartagena, algunos más importantes que otros, pero sin duda uno de los que dejó mayor huella fue Julio César, que en su visita a Cartago Nova en el 45 a. C. elevó a la ciudad romana al estatus de “colonia”, siendo este el principio del verdadero esplendor urbano y político que alcanzaría con el paso de los siglos. Pero ¿por qué Julio César visitó la ciudad?, ¿por qué le otorgó ese privilegio?, y ¿cómo afectó ese ascenso político a Cartago Nova? En las siguientes líneas intentaremos responder a todas esas preguntas.

 

Recreación de Cartago Nova desde el ángulo sur-occidental.

En primer lugar, nos situaremos en el contexto donde se produjeron los hechos. Estamos en el siglo I a. C., en el periodo final de la República Romana. La  guerra civil entre dos grandes generales de su tiempo, César y Pompeyo, se hizo inevitable y se expandió por todos los territorios romanos. La Península Ibérica fue un escenario clave en esta disputa, y sus ciudades se posicionaron a favor de uno u otro bando. Cartago Nova apoyó la campaña de Julio Cesar y se consolidó como una de las posiciones clave de organización y avituallamiento de la guerra. En los últimos meses del conflicto, Julio Cesar acompañado del joven Octaviano, futuro Augusto, se embarcó desde Calpe rumbo a Cartago Nova. Este acontecimiento supone un hito en la Historia de Roma, pues corresponde también al primero de los viajes de Augusto a la Península y al comienzo de su actividad política. Aquí en Cartago Nova, Cesar se entrevistó con diferentes embajadas y mandatarios locales que buscaban su colaboración en asuntos de justicia y administración pública, así como formalizar sus relaciones y recibir recompensas por su colaboración en los asuntos bélicos. Destacamos el episodio que nos relata cómo Octaviano actúo de mediador entre Cesar y la élite saguntina, logrando que esta conservará sus privilegios y consolidando así la primera clientela del joven y futuro Augusto en Hispania (Nic. Dam., De vita Aug. XI-XIII). Por lo tanto, la participación de Cartago Nova en la guerra y su compromiso y fidelidad con César fueron bien recibidos por el Dictador, que supo apreciar la singularidad e importancia de la ciudad concediéndole como mérito la denominación de “Colonia Urbs Iulia Nova Cartago”, en recompensa por los servicios prestados.

Ilustración que representa “la entrega de la cabeza de Pompeyo a Julio Cesar”

Pero, se seguirán preguntando si tal nombramiento fue tan importante. La respuesta la encontramos en el modo de actuar de la administración romana, que se regía por un sistema jerárquico con una unidad base: La ciudad. La “civitas” romana no era solo el centro de la actividad política y económica, sino también el órgano principal de control estratégico del territorio y el foco de difusión del modo de vida romano. Las ciudades, fundadas de nueva planta o adaptadas de asentamientos preexistentes, se organizaron de acuerdo al estilo romano, con sus propias instituciones y legislaciones. Pero además, se clasificaron de acuerdo a un estatus que determinaba su funcionamiento y privilegios. La ciudad romana tenía dos categorías principales: el municipio y la colonia, con unas diferencias notables. Cartago Nova comenzó a ser un municipio tras su conquista en el 208 a. C., lo que significaba que la ciudad gozaría de una autonomía propia y mantendría unas tradiciones culturales y jurídicas locales. No obstante, su ascenso a colonia significó una posición más elevada que le otorgó la inmunidad legal y una evidente ventaja en el marco fiscal.

Recreación de Cartago Nova desde el ángulo oriental.

En realidad hoy en día se mantiene el debate sobre si la autoría del nombramiento de “colonia” corresponde a César o a Pompeyo, que controlaba bajo sus clientelas anteriormente la región, y si el nombramiento estuvo o no aconpañado de una concentración de población latina que había inmigrado a Cartago Nova favoreciendo la inculcación del derecho romano. Lo indudable es que los títulos de “urbs” y “colonia iulia” que César le concedió tras su paso por la ciudad, fueron un honor que Cartago Nova ostentó de forma orgullosa. La denominación de la ciudad como una verdadera urbe bajo el amparo de la dinastía Julio Claudia, primera familia de emperadores, supuso el crecimiento económico y urbano de la ciudad en época augustea, y una rápida adquisición de los valores y cultura romana.

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